Raymond Aron

Escepticismo útil o nocivo según si es más de temer el fanatismo o la indiferencia; en todo caso es filosóficamente necesario en la medida en que pondrá un término a los estragos de l as pasiones abstractas y recordará a los hombres la distinción elemental entre los principios y los juicios circunstanciales. Dado que han olvidado los principios, los existencialistas y los cristianos progresistas cuentan con que una clase o una dialéctica histórica les forjará una convicción. Dogmáticos cuando deberían ser sabios, los existencialistas al principio negaron lo que deberían haber afirmado. Ignoran la prudencia, “el dios de este mundo inferior”, ponen la razón en el devenir después de habérsela despojado al hombre. Los progresistas otorgan a la Revolución lo sagrado que temen ya no encontrar en la vida de la Iglesia y en las aventuras de las almas.

¿Es entonces tan difícil ver que tengo menos contra los fanatismos que contra el escepticismo, del que son la máxima expresión?

NOTAS

(1) Cf. Preuves, número de enero 1956.

(2) N.d.l.r.: Alphonse de Waehlens (1911-1981), profesor en Lovaina. Autor del primer libro importante en francés sobre Heidegger: La philosophie de Martin Heidegger (Lovaina, 1942).

(3) N.d.l.r.: Karl Lôwith (1897-1973), discípulo de Heidegger, sale de Alemania con la llegada del nazismo. Sus principales libros están traducidos al francés: De Hegel à Nietzsche (Gallimard, 1969), Ma vie en Allemagne avant et après 1933 (Hachette, 1988), Histoire et salut (Gallimard, 2002).

(4) N.de t.: Juego de palabras algo burlón: “existentiale ou existentielle”.

(5) N.d.l.r.: “el ser-para-la-muerte”.

(6) Une philosophie de l’ambigüité, Lovaina, 1951, p. 306, nota.

(7) N.d.l.r.: En la colección que creó en la editorial Plon (Recherches en sciences humaines), Éric de Dampierre, discípulo y amigo de Raymond Aron, había publicado en la década de 1950 a Max Weber, F. von Hayek, Karl Popper y, en 1954, este libro de Leo Strauss.

(8) Esta fórmula indiscutible para el autor de El ser y la nada no se aplica sin reservas al autor de la Fenomenología de la percepción (Maurice Merleau-Ponty).

(9) Tal vez sea erróneo hacer de esto el principio primario, pero eso necesitaría confir mación. En todo caso, es erróneo hacerlo el principio único.

(10) N.d.l.r.: En sus Memorias (Mémoires, 1983), en el capítulo XII, Raymond Aron regresa a la controversia provocada por L’Opium des intellectuels.

(11) No vale la pena responder a quienes, como Maurice Nadeau, Jean-Marie Domenach o Maurice Duverger, se pusieron en contra del autor a falta de poder o querer comprender el libro. Una mención particular, sin embargo, corresponde al Sr. Duverger, que me inventó un pasado paramarxista. Aceptemos que si el Sr. Duverger pudo olvidar tan completamente su propio pasado, puede prestarle uno a sus adversarios, según las necesidades de la polémica. [N.d.l.r.: En un artículo de Le Monde en 1955, a propósito de L’Opium des intellectuels.]

(12) No faltan textos en que Marx había previsto que la revolución estallaría en Rusia, cuya estructura social y política era más frágil que la de Occidente. Pero la idea no concuerda del todo con el esquema clásico de la introducción de

la Contribución a la crítica de la economía política.

(13) Es evidente que estos tres tipos de países no son los únicos: se trata de una tipología simplificada.

(14) Valdría la pena reflexionar acerca de la significación del conservadurismo en una sociedad económicamente progresiva.

(15) Tal vez habría que decir sufría.

(16) Dejamos de lado las razones psicológicas, conscientes o inconscientes, a las que aludimos en L’Opium y que tanto nos han reprochado por haber mencionado. Un intelectual de izquierda tiene el derecho de considerar a todos los hombres de negocios y todos los escritores de derecha como esclavistas o cínicos. Se comete un crimen de lesa majestad si se sugiere que los “intereses” no están de un solo lado, y Maurice Duverger no duda en dibujar una imagen esquemática del intelectual preocupado únicamente por defender a los oprimidos y combatir la injusticia. El cuadro es edificante.

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