Raymond Aron

Esta pluralidad de consideraciones no impide incluir conjuntos, abarcar un régimen político económico, el régimen soviético o el régimen estadunidense, en su unidad o su esencia. Este proceso es científicamente legítimo, por precario que sea, y políticamente inevitable. Sólo debe intervenir después del análisis que ha sacado a la luz los rasgos comunes a todos los regímenes y las ventajas o desventajas propias de cada uno de ellos.

Todo régimen económico moderno incluye obreros de fábricas, y la proporción de obreros calificados y obreros no calificados depende más de la técnica que del régimen de la propiedad. Los obreros de fábrica serán insertados en una organización colectiva, de administración y de trabajo, sin ser capaces de comprender plenamente el sentido de la tarea que se les confía en esta organización. Quedan modalidades diversas de condición obrera, según la importancia de las retribuciones, la apertura del abanico de salarios, las relaciones dentro del taller o de la empresa, las relaciones entre sindicatos obreros y dirigentes, privados o públicos, según el sentimiento de participación o de enajenación, sentimiento determinado, entre otras causas, por la ideología que suscriben los trabajadores y la idea que se hacen de la sociedad. Decretar que el obrero de una fábrica capitalista, en Francia y en los Estados Unidos, es explotado, en cuanto tal, y que el obrero de una fábrica soviética ya no lo es, no recurre al pensamiento sintético, sino a la necedad. Esto no es más que una manera cómoda de sustituir la ingrata indagación de lo real por un atropello verbal.

De la crítica a la acción razonable

La política es acción, y la teoría política es ya sea la comprensión de la acción cristalizada en acontecimientos o bien la determinación de la acción posible u oportuna en una coyuntura definida. Dado que, en mi opinión, la acción acabada no ha obedecido a leyes o a una dialéctica, no puedo alegar el equivalente de la doctrina marxista en que pasado y futuro, conocimiento y práctica están unidos en un solo sistema. Dado que la situación actual del mundo, pensada dentro de los marcos de una interpretación económica, suscita problemas diferentes en países subdesarrollados, en un país occidental con crecimiento retrasado o en un país occidental con crecimiento acelerado(13), la doctrina verdadera sólo puede ser la que muestre la diversidad de soluciones.

Es cierto que no he indicado explícitamente ni los objetivos a que aspirar ni la jerarquía por establecer entre los objetivos (me he abstenido voluntariamente de examinar los objetivos), pero éstos, de hecho, están imperativamente sugeridos por una civilización moderna. Son los de la izquierda, desde que es victoriosa, que corre el riesgo de ser vencida por su victoria. No he cuestionado los valores de la izquierda, porque basta delimitar todos estos valores para que sobresalga de allí la posible contradicción y, a la vez, la verdad parcial de los hombres y las doctrinas de derecha.

El hecho más importante de nuestra época no es ni el socialismo ni el capitalismo ni la intervención del Estado ni la libre empresa: es el desarrollo gigantesco de la técnica y la industria, cuya consecuencia y símbolo son las concentraciones obreras de Detroit, de Billancourt, de Moscú, de Coventry. La sociedad industrial es el género cuyas especies son las sociedades soviética y occidental.

Ninguna nación y ningún partido niega ni puede negar conscientemente la civilización industrial, condición no sólo del nivel de vida de las masas, sino de la fuerza militar. En rigor, las clases dirigentes de ciertos países islámicos o asiáticos se adaptarían a la miseria de los pueblos (incluso con la técnica occidental, no tienen la seguridad de poder remediarla, si la tasa de natalidad sigue siendo muy elevada), pero no quieren adaptarse a una servidumbre a la que los condenaría la falta de industria. En la patria de Gandhi, los gobernantes están impresionados por el ejemplo soviético, ejemplo de poder más que de abundancia.

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